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Se dice que Christian Smith, DJ y productor, es quien debe marcar el camino de lo que debe ser el techno en el futuro. Quizá sea así, si el tiempo no lo impide: actualmente es un hombre cada vez más solicitado en el circuito internacional. No obstante, tampoco es un iluminado: su fama le viene de trabajar duro y de su amor genuino por la música electrónica. Y aparte de todo esto, en el mismo corazón de la fama de Christian como DJ está su innata capacidad por combinar distintos estilos sin que se le descuadren los tres platos ni se le tuerza el scratch. Un monstruo. Su camino hasta alcanzar el puesto que ostenta actualmente ha sido largo y tortuoso. A Christian le picó el gusanillo de la música electrónica a los quince años, cuando escuchaba a Sven Vath en el Dorian Gray de Frankfurt, en 1987. Primero, unas batallas como DJ, y después, a los diecisiete, obtuvo su primer éxito como invitado en el legendario Omen. En 1990 se trasladó a Washington DC, y allí desarrolló su gusto por el techno de Detroit y el house de Nueva York y Chicago. Poco a poco, Christian se convirtió en asiduo de las escenas rave de los clubes americanos con actuaciones junto a artistas como Josh Wink y Richie Hawtin. Pero la vida da vueltas, y en 1997 Smith volvió a su lugar de nacimiento, Suecia, y se estableció en Estocolmo junto a sus contemporáneos Adam Beyer, Cari Lekebusch y Joel Mull para exportar el house y el techno sueco al resto del mundo. En los últimos años Christian Smith ha viajado por todo el mundo, y ha pinchado, fin de semana tras otro, en Europa y Estados Unidos, amén de lugares tan diversos como Australia, Japón, Canadá o Singapur. Desde que se estableció en Suecia, Christian se ha centrado en editar material en su propio sello, Tronic, así como en su filial house Strive. Estos lanzamientos contaron con la colaboración de Jean-Phillipe Aviance (Goldrush EP, maxi charteado por Carl Cox) y su buen amigo John Selway. A pesar de centrarse en sus propias marcas, Christian Smith todavía continúa editando sus cosas en casas como Primevil, Smile, Rotation, Yoshitoshi o Primate, y todo ello le acabó llevando al sello de Carl Cox, Intec. Así pues, se le vislumbra un brillante futuro, y quizá si acabe llevando adelante la electrónica. De momento, lo que va viento en popa es su carrera y que siga. |
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